03 Sep 2014
septiembre 3, 2014

Conquistar la felicidad cada día

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felicidad

Las decisiones que tomemos en el día a día, las cosas por las qué apostemos, las veces que digamos no, las personas con las que compartimos nuestra vida, de quién nos enamoremos, el compromiso vertido en nuestros proyectos, los sueños cumplidos y los frustrados, nuestras ganas de aprender y crecer, la actitud ante la vida, la gestión de las emociones, nuestras filias y fobias, el tiempo dedicado al trabajo, al descanso y al ocio, etc. generan en nuestro cerebro una serie de reacciones químicas que nos acercan a la felicidad o al desasosiego.

Cada ser humano está predispuesto de una manera diferente a la felicidad. Entran en juego muchos factores, en primer lugar, la genética y, más concretamente, la medida en que cada persona libera Serotonina (el neurotransmisor que aporta la sensación de tristeza y depresión) y después los factores ambientales, que tienen que ver con todo aquello que nos rodeó en nuestro crecimiento y desarrollo y que conformarán una determinada personalidad.

Cómo fue el embarazo de nuestra madre, el orden de hermanos que ocupemos, las experiencias vitales (tanto positivas como negativas) en el período prenatal, la infancia y adolescencia, así como en entorno afectivo (su riqueza o pobreza) organizarán el carácter y la actitud de vida de cada uno de nosotros.

En cualquier caso, no estamos absolutamente determinados por nuestra historia personal, ya que cuando somos adultos tenemos la oportunidad de elegir y, de esta manera, modificar nuestro “destino” y poder hacer cosas para ser más felices, actuar; estudiar o elegir un trabajo, a nuestros amigos y pareja, llevar una alimentación sana, practicar deporte, desarrollar nuestra creatividad, etc. fomentará la liberación de endorfinas (el neurotransmisor que aporta sensación de felicidad). Y algo muy importante, con independencia de nuestra historia personal, podemos aprender a cambiar la actitud mental, identificar los puntos fuertes y aceptar nuestros límites para revisar nuestro propio pasado desde otra óptica y aprender a ver las cosas del futuro de una manera más constructiva. El pasado, cuando ha sido difícil o duro se puede dejar atrás, encajarlo en la biografía personal y seguir adelante, abiertos a recibir todo lo bueno de la vida. Nadie es esclavo de su pasado, ni está condenado al fracaso permanente o al sufrimiento como forma de vida; tenemos derecho a superarlo y para ello, la actitud mental positiva (resiliencia) es clave. El cerebro se modifica a lo largo de toda la vida, también para bien.

A continuación, presentamos una lista con los pensamientos o creencias irracionales que se dan con más frecuencia. Nos conducen a tener expectativas que no se cumplen y, por tanto, a pasarlo mal. Revise cada uno de estos puntos y evalue en qué medida se siente identificado con ellos. Si lo hace altamente, le animamos a hacer un trabajo personal para modificar su forma de pensar. A buen seguro, se sentirá más relajado y feliz.

  1. El adulto tiene una necesidad imperiosa de ser amado y aprobado por casi todo el mundo en casi todo lo que hace.
  2. Uno debe ser por entero competente, apto y eficaz en todos los aspectos posibles.
  3. Es terrible, horrendo y catastrófico que las cosas no marchen de la manera que uno quisiera que fuesen.
  4. Ciertas personas son malas, villanas o malvadas y deberían ser severamente acusadas y castigadas por sus faltas.
  5. La idea de que si algo es o puede ser peligroso o temible, uno debe ocuparse terriblemente de ello y sentirse trastornado.
  6. La gente y las cosas deberían ser diferentes de cómo son y es catastrófico no encontrar inmediatamente soluciones perfectas a las feas realidades de la vida.
  7. La desdicha humana tiene causa externa y el individuo es poco o nada capaz de controlar sus aflicciones o librarse de sus sentimientos negativos.
  8. Es más fácil rehuir muchas dificultades y responsabilidades de la vida que poner en práctica formas de autodisciplina más satisfactorias.
  9. El pasado es de total importancia y si algo afectó una vez profundamente en la vida de uno, lo hará indefinidamente.

La máxima felicidad humana puede lograrse por medio de la inercia o la inacción o “gozando de sí mismo” pasivamente y sin comprometerse.

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