17 Jul 2014
julio 17, 2014

Y yo, ¿sé escuchar?

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escuchando

Imagine que va al supermercado con 10 euros. Si pone 3 en un kilo de tomates, 5 en un paquete de un buen café y 2 en una tableta de chocolate, saldrá con un kilo de tomates, un paquete de buen café y una tableta de chocolate. De perogrullo, ¿no? El dinero es el que es y llega para lo que llega.

Igual pasa con la atención, que es limitada. Los recursos atencionales son los que son y llegan para lo que llegan. Si, a la vez que estamos hablando con alguien, estamos pendiente de lo que nuestro interlocutor dice y a la vez, pensando en lo que tenemos que hacer al volver a casa y repasando lo que hicimos ayer en el trabajo, no estamos escuchando de verdad, sino parcialmente, ya que tenemos la atención colocada en tres sitios a la vez y es imposible recoger toda la información que nos están dando.

Escuchar es, poner toda mi atención en lo que la otra persona está diciendo, recibir el mensaje. Ni tan siquiera, pensar sobre lo que está diciendo. Es, únicamente, recoger todo lo que dice con sus palabras (lenguaje) y con sus gestos (lenguaje no verbal).

El siguiente paso ya, será madurar esa información, pensar sobre lo que me ha transmitido, resolver dudas, pedirle que amplie algún punto, afirmar, contradecir, tomar decisiones, etc.

¿Qué caracteriza la escucha dinámica?

La actitud del oyente, la orientación que tiene hacia la persona que le está hablando, deben corresponderse con una escucha activa, auténtica, de calidad. La atención debe estar puesta en el mensaje que el emisor le quiere transmitir.

Mediante las repeticiones (paráfrasis) o el resumen parcial del mensaje que está recibiendo, el receptor hace entender al emisor que le está escuchando.

El contacto visual, la sonrisa si procede, los movimientos afirmativos de cabeza junto con las expresiones de asentimiento, etc. le confirman, de igual manera a quien está hablando que está siendo escuchando y comprendiendo, por lo que se sentirá cómodo y motivado para seguir hablando.

Es fundamental no juzgar el mensaje que está dando la persona que habla, hay que esperar a que termine de transmitir toda la información, evitando adelantarnos y “adivinar” lo que va a decir, o emitir juicios de valor o rechazo acerca de la información recibida.

Escuchar sin juzgar, poner toda la atención en lo que estamos oyendo y enviar señales de la escucha activa es la mejor manera de conseguir una comunicación eficaz, de calidad.

Sin la habilidad de escuchar, toda comunicación se convierte en un monólogo.

¿Qué tipo de interferencias pueden producirse?

Existen interferencias que pueden distorsionar la percepción objetiva de un mensaje como los filtros que son creados por nuestros pensamientos, ideas y sentimientos.

—El filtro de predilección: En las situaciones que desencadenan sobre todo ira y ansiedad tendemos a oír sólo lo que queremos.

—El filtro quién: Este filtro nos impide oír lo que se nos dice porque prestamos demasiada atención a quién nos lo dice. Es decir, lo que sabemos o creemos saber de la persona que habla no nos permite escuchar el mensaje en sí.

—El filtro de los hechos: A veces lo único que oímos son los hechos y no percibimos ningún mensaje emocional. Si sólo escuchamos los hechos, es fácil pasar por alto alguna información valiosa que nos transmiten los sentidos.

 ¿Cómo podemos desactivar los diferentes filtros?

Para saber si tendemos a escuchar sólo lo bueno o lo malo, debemos escribir todo lo que nos han dicho. Debemos intentar recordar toda la conversación en la secuencia correcta. Debemos anotar también la impresión que nos ha causado en todo momento. Al revisar la conversación, siempre y cuando escribamos lo que dijo en realidad, tendremos una mejor perspectiva de lo que en realidad se comunicaba. Después debemos tener en cuenta lo que sabemos acerca de la persona.

Para desactivar el filtro “quien”, nos servirá de ayuda transcribir la conversación. La clave está en preguntarnos ¿dijo alguna cosa más?. El filtro “quien” está activo, sobre todo, en situaciones con personas con las que hemos oído decir cosas negativas. En situaciones de este tipo, en las que sabemos que tenemos un concepto preconcebido de una persona determinada, debemos decirnos a nosotros mismos que prestaremos atención a todo lo que diga y que pensaremos en todo de forma abierta e imparcial.

Para desactivar el filtro de los “hechos”, debemos aplicar nuestros conocimientos sobre la naturaleza de las afirmaciones de sentimiento y, si alguna persona las emplea debemos tomar nota de qué emoción expresa.

Un pequeño consejo final, cuando tenga que hablar de algo importante con una persona cercana, elija un sitio público, como por ejemplo una cafetería o la terraza de un bar, eso le garantizará no levantar el tono de voz y guardar las formas y, a su vez, eso hará que escuche mejor al otro y viceversa, consiguiendo una comunicación más eficaz.

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