No puedo arrancar estas imágenes de mi mente

fuego

Cuando la obsesión viene en forma de imagen (imagen obsesiva) como por ejemplo, los fuegos de la cocina estallando, acompañada de pensamientos obsesivos del tipo ¿y si me he dejado el gas abierto? ¿y si revienta y hay un serio accidente? se activan las emociones de  angustia, ansiedad y miedo. Y la respuesta más probable ante ellas es, la compulsión para librarse de esas emociones egodistónicas, es decir, ir a la cocina para comprobar los fuegos. En ocasiones, hasta varias veces.

Es imposible “sacar” una imagen de la mente queriendo hacerlo, es decir, poniendo la atención en el objetivo de borrarla. Esto no es posible para nadie. Para demostrárselo al paciente, en la clínica, podemos hacer un ejercicio sencillo; colocamos un objeto, un boli, por ejemplo frente a él o ella. Le pedimos que se fije bien en todos sus detalles para que lo memorice al máximo. Le dejamos unos minutos y después retiramos el objeto. A continuación, le pedimos que lo borre de su memoria y, de este modo, comprobará que no es posible conseguirlo. El motivo es que estamos colocando la atención en el objetivo de borrar el objeto, pero a fin de cuentas estamos colocando la atención en dicho objeto (aunque sea para borrarlo).

No, así no sale la imagen de la mente. La imagen sale de la mente cuando, paradójicamente” no nos fijamos el objetivo de sacarla. Entonces, poco a poco la atención se va fijando y colocando en otras cosas y así… sin darnos cuenta, sale.

Volvamos a las imágenes obsesivas. Al paciente hay que ayudarle en uno de los momentos más difíciles que es aceptar esta explicación anterior, es decir, aceptar que tiene que abandonar el objetivo de que la imagen más el pensamiento obsesivo salgan de su mente. Eso implica poner, inicialmente, la atención en la imagen junto al pensamiento obsesivo, no resistirse y comenzar la exposición. Se trata de proyectar en una pantalla mental, las imágenes obsesivas, así como incluir en la pantalla un subtítulo con el contenido del pensamiento obsesivo y comenzar la exposición para obtener la habituación. Esta es la técnica clásica de autoexposición a la duda. Las imágenes se pueden trabajar como una foto fija o con movimiento.

Pero este ejercicio de exposición puede ser más fácil, se puede llevar mejor con varias estrategias que ayuden a neutralizar la imagen, hacerla menos aversiva (al menos en las primeras veces que se hace la exposición).

  • Ridiculizar la imagen (usar el humor).

Siguiendo con el ejemplo anterior de la imagen obsesiva de los fuegos del gas explotando junto a los pensamientos ¿y si me he dejado el gas abierto? ¿y si salta todo por los aires? Se podrían poner las chispas del fuego en diferentes colores o con forma de serpentina. El paciente debería estar en contacto con estos dos contenidos mentales (imagen y pensamiento obsesivo) mientras va disminuyendo la ansiedad. Este ejercicio se puede realizar mentalmente o a través del dibujo. Usar el dibujo permite externalizar el problema, es decir, sacarlo de la mente y plasmarlo en papel. Esto siempre facilita las cosas.

Otro ejemplo, si aparece la imagen obsesiva a los fantasma junto al convencimiento de que están presentes, podríamos transformarlos en pintorescos y divertidos “muñequillos”. El paciente debería estar en contacto con estos dos contenidos mentales (imagen y pensamiento obsesivo) mientras va disminuyendo la ansiedad. Este ejercicio también se puede realizar mentalmente o a través del dibujo. Como decíamos más arriba, ayuda a verlo fuera de la cabeza, concreto, acotado en unos trazos.

El humor es muy importante para trabajar las obsesiones. Como sabemos, cuando una persona es capaz de reírse de su problema, dicho problema empieza a dejar de serlo o serlo tanto. En una ocasión vi a una psicóloga que uno de los ejercicios con los que trabajaba las obsesiones es el siguiente; les hablaba a sus clientes del efecto positivo de la musicoterapia. Les sentaba en el sillón de trabajo mientras ella se colocaba enfrente. Y se disponía a trabajar la imagen más el pensamiento obsesivos. Cuando la persona confirmaba que dichos contenidos ya habían llegado a su mente, ella decía que iniciaría la técnica de musicoterapia. Y…. sacaba un violín de juguete para comenzar a cantar una canción que ridiculizaba el contenido de las obsesiones.

Me pareció brillante por dos motivos; uno, por el ¡efecto sorpresa! Era tan grande la sorpresa que le generaba al paciente la situación que colocaba el 100% de su atención en lo que estaba ocurriendo y, desde luego, los contenidos obsesivos desaparecían. Y dos, el humor… indiscutible ejercicio de humor que tenía el máximo efecto que el humor puede tener en un paciente, ya que comenzaban a reírse (la respuesta de risa se superponía a las emociones de ansiedad, angustia y miedo).

2) Utilizar cualquier cosa que a la persona le sugiera calma, tranquilidad, relajación.

Por ejemplo, si aparece una imagen obsesiva de la muerte (esqueletos o calaveras), dichas imágenes se podrían acompañar de flores o velas o incluso, una oración significativa o el olor a incienso del templo. Por eso es tan importante conocer las creencias religiosas de una persona, pueden ser recursos muy importantes para ejercicios como el que acabamos de ver.

También es muy importante rastrear qué técnicas de relajación un paciente ha usado anteriormente, saber qué ha servido inicialmente. Por ejemplo, si la persona ha practicado yoga, es posible que tenga algún símbolo o un texto de meditación o un olor a té que pueda servir para trabajar en esa línea. Todo esto que a la persona le sirve podrían convertirse en herramientas para neutralizar la imagen y exponerse a la imagen para ir reduciendo la ansiedad.

Adultos

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *